Vocaciones frustradas.
Fernando Tragaluz Pitiminí tuvo que cambiarse el nombre para poder convertirse en actor porno. Se puso: Fernando Obelisco Oblongo. Todo fue inútil, ya que en una bacanal orgiástica a la que acudió tras pasar una mala noche tuvo el mayor de los gatillazos. Desde entonces, se le recuerda con nostalgia en la profesión como Fernando El Blando.
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